Sunday, October 19, 2008

Entrevista a Ezio Neyra Magagna (PP)

“Supongo que lo mío es la apertura. El rechazo a cualquier tipo de exclusión”


Incansable. Esta es la palabra para darnos una idea de todo lo que viene haciendo Ezio Neyra Magagna (Lima, 1980) Es autor de la sui generis novela, Habrá que hacer algo mientras tanto. Tiene a su cargo la asociación civil Niñolee, es director de la editorial Matalamanga y dirige la versión peruana de la revista Lamujerdemivida. Todas estas inquietudes yacen en un par de cimientes, hoy por hoy, irrefutables: la pasión y el compromiso.

Gabriel Ruiz-Ortega.


Me llamó mucho la atención la anécdota que una vez contaste sobre un remedo de profesor que sorprendió a uno de tus amigos leyendo un cómic en plena clase, tu amigo fue presa de una vergüenza descomunal, esto lo llevó a no tocar un libro por iniciativa propia. Como bien sabes, la falta de un hábito de lectura está extendida en todos los estratos sociales en Perú. ¿Cómo nació la idea de llevar a cabo la asociación civil Niñolee?

Así como esa anécdota, deben de existir miles de historias similares que hablen de la falta de tino de muchos educadores al momento de enfrentar el tema de la promoción de la lectura. Sin embargo, de acuerdo a nuestra experiencia, la mayoría de docentes está absolutamente interesada en conocer y manejar herramientas que les permita hacer no sólo que sus alumnos y alumnas se acerquen más a los libros, sino también que mejoren sus niveles de comprensión lectora.
La motivación más lejana que nos llevó a formar Niñolee fue la lectura de la ya famosa encuesta PISA, en donde el Perú estaba en penúltimo lugar, de una muestra de 42 países en todo el mundo, en lo que a comprensión lectora se refiere.


Una de las taras que tiene el Perú, y creo que es nuestro principal problema de desarrollo, es el analfabetismo. Hemos escuchado siempre propuestas educativas que se supone serían nuestras vías de escape, pero siempre esto suele ser una artimaña que suelen hacer los políticos, y mucho más aún cuando se viven periodos electorales. Soy de la idea de que ya nada se puede esperar del estado. Esto me lleva a pensar de que la salida siempre será la entidad privada. Y sé de personas que desean llevar a cabo proyectos tan nobles como la promoción de la lectura. Es una empresa realmente quijotesca. ¿Cuál es la verdadera satisfacción que proyectos como estos dejan?

No diría que el analfabetismo es la causa principal del subdesarrollo de nuestro país. El analfabetismo, en mi opinión, es un indicador más de dos problemas más grandes, estructurales: la exclusión y la ausencia de políticas de Estado de largo plazo. Además también podríamos hablar de la desidia y de la ineficiencia que han caracterizado a nuestros gobiernos en lo que a políticas educativas se refiere. A pesar de que sea cierto que en coyunturas electorales los candidatos propongan salidas para los problemas del país, resulta un buen indicador que el tema educativo haya estado en un punto central de la agenda de varios candidatos. Esto me lleva a pensar que aún se puede hacer mucho desde el Estado, pero desde un Estado moderno, que acoja a técnicos especializados, que convoque iniciativas inteligentes de la sociedad civil.
El trabajo de Niñolee está avanzando muy bien. Para este año tenemos una serie de proyectos que deseamos llevar a cabo. Supongo que la satisfacción más grande que me deja un proyecto como este es la de la retribución inmediata que se recibe por parte de los docentes y de los niños.

¿Cómo crees que deba combatirse este negocio como lo es el de la piratería?, ¿cómo nació el nombre de Matalamanga?

No soy especialista en el tema de la piratería; de hecho, ni siquiera conozco cifras que me indiquen la magnitud de este problema. Lo que intentamos hacer en Matalamanga es vender libros a precios tan baratos como para que a cualquier persona le sea posible adquirirlos. Quizá esta manera de hacer las cosas ayude a que la piratería sea menor en tanto los lectores preferirán, por unos pocos soles más, comprar un libro original. Obviamente los precios de los libros varían de acuerdo a cada editorial, ya que cada una maneja costos diferentes.
Un breve debate y un posterior trabajo estadístico absolutamente desprovisto de validez científica, nos llevaron al nombre Matalamanga, aquel que el entrevistado no podía dejar de pronunciar en voz alta abriendo un poco los ojos. Luego se asoció este nuevo nombre a ideas muy curiosas. El escritor Armando Robles Godoy hizo con él una analogía a la expresión “quemar neumáticos”, referida a la escritura y no a los automóviles; el encargado de la ventanilla de la oficina de Registros Públicos se animó a no disimular la risa y a asegurar en voz alta que se trataba de una empresa africana; otros la consideran una palabra sin sentido, una palabra con demasiados sentidos o parte del estribillo de una canción tribal. Pero el sentido original se aproxima sobre todo a la falta de sentido estricto de fondo, que da pie a que todo el sentido explícito caiga sobre la forma, la lírica, las letras que forman la palabra que forma la idea. La primera definición que tuve fue la de palabra baúl, un conjunto de sonidos que cada quien aplica a lo que quiera, cuando quiera y, sobre todo, como quiera. Esto fue bajo un puente de Toulouse, en el sur de Francia, al lado de la Garona, una madrugada de febrero del 2002. Entonces, ¿por qué la editorial terminó llamándose Matalamanga y no Agnamalatam? Fue quizá porque, bajo el puente en cuestión y en el momento del que hablamos, fue Matalamanga, por simple azar, el conjunto de letras que mejor se definía a sí mismo, que menor sentido explícito parecía mostrar en el momento. En qué muro de qué esquina del mundo estuvo escrito por primera vez, qué boca juntó primero las cinco sílabas del nombre, son ya cuestiones que felizmente no vienen al caso. Importa que las publicaciones bajo este nombre vayan amoldando la palabra y dándole sentido, como una estatua de arcilla dispuesta a dejarse acariciar por la literatura. Y lo que pasó antes puede quedar como obra del azar, o aun del exceso de entusiasmo


En Matalamanga se han publicado a autores nuevos como Christopher van Ginhoven y autores ya conocidos y apreciados como el que acabas de citar, Robles Godoy. ¿Cómo llevas este proceso de edición desde cuando deciden el texto que van a publicar?

La única razón por la que decidimos publicar un libro en Matalamanga es porque nos parece valioso. Es importante remarcar esto porque Matalamanga, a diferencia de otras editoriales recientemente aparecidas, no se limita únicamente a publicar a autores jóvenes. No intentamos posicionarnos como el espacio en donde publican los autores más jóvenes, aquellos que recién empiezan. Desde luego es un placer cuando encontramos a un autor inédito, como Christopher van Ginhoven o Leonardo Aguirre, cuyo libro merece ser publicado. El mismo placer nos causa publicar a Armando Robles Godoy, con sus ochentaitantos años, o a Alfredo Valle Degregori, lingüista con una larga y reconocida trayectoria.
Este año, luego de algunos meses de para, tenemos una lista larga de publicaciones, que incluye a autores inéditos como Augusto Effio, con Lecciones de origami, un libro de cuentos maravilloso por la hondura de sus historias; o Sergio Bardon, cuya novela La conjura de los pájaros narra de manera envidiable la época más esplendorosa de Florencia, aquella de Sandro Botticelli y de Lorenzo el magnífico. En la otra orilla, hemos publicado recientemente Perros héroes, de Mario Bellatin, y tenemos prevista la publicación de otra de sus novelas. También abriremos la colección de poesía, con un poemario muy personal de Kenneth O´brien, y tenemos bajo la manga dos poemarios más, esta vez de poetas inéditos, que darán mucho que hablar. También abriremos dos colecciones más: la de ensayos y la de humor.
Creo que si se puede definir de alguna manera el espíritu de Matalamanga es a través de la palabra “apertura”. No solamente en el sentido más estricto del término, aquel que nos llevará a tener, a finales de este año, colecciones de cuentos, novelas, ensayos, poesía y humor; sino sobre todo porque estamos en contra de cualquier tipo de argolla. No publicamos necesariamente a nuestros amigos de la universidad, no publicamos necesariamente a aquellos autores que están dentro de un círculo que de alguna manera nos asegurará que su libro será vendido. Publicamos lo que nos gusta, lo que nos parece valioso, lo que creemos que debe ser leído públicamente.
En cuanto al trabajo de edición, Matalamanga no es una imprenta: es una editorial. Siempre hemos creído que el editor es una pieza clave en la confección de un libro. Por ello, antes de publicar, tenemos varias reuniones con los autores donde sugerimos cambios, zonas que pueden ser mejoradas, etcétera.


Cuéntanos cómo consiguieron ese texto raro en la narrativa de Bellatin.

Conocí a Mario en la última FIL de Guadalajara. Rápidamente congeniamos y le planteé la posibilidad de publicar algún libro suyo inédito en Perú. Fue así como él nos propuso publicar Perros héroes, un libro exquisito que abre nuevas posibilidades dentro de su obra. Ahora espero seguir publicando otros libros suyos, además de poder formar parte de proyectos en común.

Hablemos de Lamujerdemivida. Eres el director en Perú de esta revista conocida en Argentina. ¿Cuál crees que sea la característica que diferencie a esta edición peruana de otras revistas que circulan?

Lamujerdemivida, en su versión peruana, ya ha dejado de circular. Fue una experiencia riquísima dirigir una publicación como aquella. No sé si haya tenido una característica distintiva, pero sí tuvo, o al menos intentó tener, al igual que Matalamanga, un espíritu abierto, en donde publicamos a autores peruanos muy jóvenes pero también a autores como Rodrigo Fresán, María Kodama, Eduardo Medicutti, entre otros. Otra característica, que se basa en un deseo propio, es el de la exploración de las relaciones entre las artes plásticas y la literatura.

Por las respuestas que acabas de dar, tengo la impresión de que te inclinas por distintas experiencias creativas. ¿Cuáles son estas?

Si bien el arte al que me dedico, en sentido estricto, es la literatura, soy un apasionado de las artes plásticas y me mueve mucho el deseo de experimentar las relaciones entre literatura y plástica, así como entre la narrativa y otras disciplinas como el teatro, el cine, la fotografía, la música. Si hay algo que no me gusta del oficio del escritor es la inmovilidad que debemos tener mientras escribimos. A pesar de que escribo sentado en una silla muy cómoda, por la cual gasté una cantidad obscena de dinero para un objeto que sólo me permite estar sentado, cuando hablo con amigos pintores o escultores, envidio su proceso de trabajo, en el que no sólo hay labor intelectual, sino también física. Viviría mucho más contento si el trabajo del narrador también conllevase algún tipo de trabajo físico. De hecho, durante estos últimos meses en los que he estado trabajando mucho en una nueva novela, muchas veces me he visto en la necesidad de salir a hacer algún deporte para que el cansancio mental sea acompañado por un agotamiento físico. Pero las cosas no terminan aquí. De pronto, cuando llego de improviso al taller de algún amigo, y lo encuentro en pleno trabajo, lo observo sentado durante pocos minutos, luego yendo a la tela y trabajar parado frente a ella; luego sale a comprar materiales, regresa, los interviene, etcétera. Ojalá algún día pueda encontrar la manera de tener un proceso creativo similar. Entretanto estoy embarcado en un proyecto junto a poetas, narradores, fotógrafos y pintores para hacer un libro objeto que podrá, al menos por un tiempo, satisfacer mis ansias de tender puentes entre varias disciplinas. Supongo que lo mío es la apertura. El rechazo a cualquier tipo de exclusión.


Estamos presenciando la aparición de nuevos narradores. Estoy casi convencido de que lo que está primando es la diversidad temática, y no la edad. ¿Cómo nació tu novela Habrá que hacer algo mientras tanto?, ¿ tuviste algún libro referente?

Soy un creyente, al menos para analizar lo que sucede actualmente con la narrativa, en la posmodernidad. Posmodernidad entendida como la ausencia de paradigmas hegemónicos, lo que lleva a que cualquier manifestación artística, cualquier temática, pueda ser el centro y la periferia al mismo tiempo. Supongo que esto genera que haya tantas temáticas y tantas maneras diferentes de trabajarlas.
Habrá que hacer algo mientras tanto nació como un ejercicio en un momento en el que me trabé en la escritura de otra novela, cuya escritura ya retomé. Como se trata de una novela realista, sentí la necesidad de ensayar una serie de textos que estuvieran lejos de la temática que trabajaba. Así empecé a escribir hasta que tuve 9 cuentos. Luego decidí retirar 5 de ellos para darle un carácter unitario a la publicación, con la idea de que pudiera leerse como un libro de cuentos, pero sobre todo como una novela. Más que libros que me sirvieron como referentes, Habrá que hacer algo mientras tanto le debe mucho a autores como Camus, Blanchot, Beckett, Mutis, entre otros.

Sabemos bien que la trama de esta novela está anclada en la tradición del absurdo, y uno de los rasgos saltantes en este tipo de narraciones es la constante reflexión que se deja sentir en esta clase de textos. Y la brevedad de esta novela es prácticamente capital. ¿Cuánto de ti hay en tus personajes?

Hay tanto de mí en el personaje de Alto como lo hay en Mediano, en Gordo e incluso en Silene. Supongo que soy tan aparentemente equilibrado como Alto; con tendencias a la depresión, como Mediano; malhumorado, cascarrabias, autoritario, como Gordo; e imagen gaseosa y ausente como Silene. Ahora, que ya estoy por terminar la corrección de mi próxima novela, cuyo título tentativo es Todas mis muertes, encuentro ciertos tópicos que se mantienen, a pesar de que se trata de novelas muy distintas entre sí.

Acabas de mencionar una novela que has vuelto a retomar. ¿Puedes hablarnos de qué va? Dices que hay ciertos tópicos que se mantienen, pero que son textos distintos, ¿por qué?

Es lo que se llama una novela de aprendizaje. Se trata del relato de Francisco Neyra, de lo que sucedió durante un verano en casa de sus abuelos paternos, en Camaná, un balneario de Arequipa. Se trata de dos historias paralelas: la del niño narrando sus experiencias durante aquel verano que hubiese preferido no vivir, y la del Francisco Neyra adulto, un periodista que trabaja en un periódico arequipeño que, mientras intenta resolver el caso del asesinato de tres policías, descubre que quizá sea mejor terminar de descubrirse a sí mismo, hasta que, a la manera del Uroboros, termina por comerse su propia cola.
Quizá la parte que se nos escapa de las manos a los escritores, sea la que más disfrute de la literatura. Digo esto cuando encuentro tópicos comunes entre ambos libros, a pesar de no haberlos buscado de manera premeditada. Cuando empecé a escribir Todas mis muertes, hace ya más de tres años, hice una estructura al mejor estilo de los guionistas de telenovelas, pero luego, con el correr del proceso de escritura, esa estructura original pasó a un plano absolutamente secundario. Es justamente esa falta de capacidad de predicción lo que más me atrae del proceso creativo. Supongo que si en algún momento dejo de sentirla, dejaré de escribir. Al comienzo, se trataba de una novela que mezclaba el policial con la novela de aprendizaje. Ahora ha terminado por ser una novela, que yo encuentro de difícil clasificación, en donde encuentro tópicos comunes a Habrá que hacer algo mientras tanto: desasosiego, ausencia, hastío, relaciones conflictivas entre pares, desesperanza.


Si ubicara tu tendencia narrativa, diría que estás en la parcela de lo metaliterario, tu texto es el más extraño que he leído en esta vertiente. Tengo la sensación de que también puede prestarse para una obra de teatro. ¿Existe interés en teatralizar esta novela?

En tanto Habrá que hacer algo mientras tanto le debe mucho a autores teatrales, supongo que es inevitable que sea un libro que permita un tránsito feliz hacia un registro teatral. A diferencia de Todas mis muertes, que la encuentro muy cercana al registro cinematográfico, Habrá que hacer algo mientras tanto es, de alguna manera, una novela teatral, si es que esta categoría existe. El interés por llevarla al teatro es tan grande como para que ya se esté trabajando una versión teatral que en principio se pondrá en escena hacia el último trimestre de este año.
Por otro lado, no sé si sea adecuado considerarla como parte del terreno de lo metaliterario. De hecho este tipo de etiquetas aún las encuentro borrosas y me parece que nacen de la necesidad de buscar opuestos exclusivos donde poder depositar a ciertos textos. Al final son los críticos quienes crean estas categorías y deciden qué texto es metaliterario, realista, vitalista, etcétera. Lo riesgoso de esto es cuando un autor asume como propia la etiqueta que recibió de un crítico y se ve en la necesidad de seguir produciendo textos que calcen dentro de la misma vertiente.

¿Qué es lo que mueve el motor que te lleva el dirigir una asociación civil, el ser editor, director de una revista y escritor?

A veces me sorprendo de la manera cómo he aprendido a organizar mi tiempo. Sin embargo, la verdadera razón que hace que los proyectos se echen a andar y que sean sostenibles en el tiempo es el equipo de personas con el que se trabaja. Si no se trabaja con personas comprometidas y apasionadas, es imposible sacar adelante las cosas.

Claro, el compromiso con quienes se trabaja es clave, sin embargo, me gustaría saber si estas fuerzas yacen en una motivación emocional.

Hay dos motivaciones emocionales que, presumo, me llevan a trabajar tanto: la pasión, y el deseo de cubrir ausencias propias. Y como ambas son complementarias, y como las ausencias nunca terminan, pues siempre hay nuevas, uno se las va creando y reinventando cuantas veces la paciencia alcance, supongo que será muy difícil que deje de trabajar algún día.

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Lector, escritor, crítico involuntario, ex editor, blogger y ex librero. Autor de la novela "La cacería" y de la serie de antologías de narrativa peruana contemporánea "Disidentes". Mail: gabrielruizortega@gmail.com